En la primera mitad de los 60 las chicas ye yé se adueñaron de Europa. En Francia, Silvie Vartan y Sheila; en Gran Bretaña, Kathy Kirby y Cilla Black; en Italia, Rita Pavone y Gigliola Cinquetti; y en España… la tira. Las chicas ye yé eran pieza ineludible en los festivales de la canción y presencia continua en televisión. Chicas casi adolescentes, atractivas, con buena voz y fotogenia que pugnaban por destacar en las revistas para jóvenes y en las emisoras, poniéndose nombres artísticos atrabiliarios que buscaban quedarse en la memoria de los oyentes a las primeras de cambio. Una de las ye yé pioneras fue la granadina María Dolores Morante, compañera de estudios en la Escuela de Canto del maestro Vico de su ilustre paisana Gelu.
Li Morante inició su carrera con dieciséis años en su Granada natal gracias a Mercedes Domenech, que desde Radio Granada promocionaba a todos los incipientes valores de esta ciudad con acprimeras tuaciones y concursos en directo. Su belleza, a medio camino entre buena chica y pícara, un cierto aspecto de estrella americana y una voz potente -en ocasiones excesivamente potente- hicieron que Philips le propusiera grabar su primer disco en 1962, que tuvo escasa repercusión. Mejor acogida ese mismo año tuvo su segundo redondo, especialmente su canción “Tafetán”, que sonó mucho por las emisoras de la época y constituyó un éxito menor.
Su llamativo aspecto y su desenvoltura hacen que el cine llame a su puerta y firma un contrato con el poderoso productor Cesáreo González para hacer cuatro películas. En la primera ya participa como protagonista junto a Lina Morgan: “Objetivo las Estrellas” (Ramón Fernández, 1963). En el mismo año graba su canción más recordada en “Guateque” (Philips, 1963), un auténtico retrato de los guateques del momento llena de gracia y entusiasmo juvenil.
Actúa en el Pasapoga madrileño durante varias semanas con notable aceptación. También pasea aquel verano por los principales festivales veraniegos y realiza numerosas galas. Pero Li, o mejor Dolores, no se encuentra a gusto y no es demasiado feliz con su vida, a pesar de que su nombre comienza a ser conocido a nivel nacional. Sus fuertes convicciones religiosas no hacen buenas migas con la vida de la farándula ye yé.
En 1964 hace una pequeña gira por América y graba su quinto EP con el superhit de San Remo y Eurovisión: “No Tengo Edad para Amarte” (Philips, 1964) en la pista principal. Pero finalmente decide que lo suyo no es la música y de la noche a la mañana pone punto final a su carrera artística. Su padre debe indemnizar por incumplimiento de contrato a la productora cinematográfica, pues al tratarse de una menor de edad, es él quien ha firmado los contratos (entonces la mayoría de edad se cifraba en 21 años). Li Morante decide echar el cierre justo en su mejor momento y en el año en que las chicas ye yé barrían en las listas de discos.
Dolores Morante siguió viviendo en su Granada natal, se casó, fundó una familia y encauzó sus creencias religiosas como profesora y miembro del Opus Dei, del que se convirtió en una de sus más activas propagandistas en Andalucía. Hoy sus discos son auténticos tesoros de coleccionistas y muchos programas especializados en música de los 60 siguen pinchando sus viejas canciones, con interpretaciones de voz potente, timbre agradable y chispeante fulgor juvenil en cada palabra. Fuente(http://lafonoteca.net)